jueves, 9 de abril de 2026

"Negra, ¡mi Negra linda!"

 Beatriz Prince

 

Recuerdo que la escuchaba cantar y lo que me transmitía. Emocionada le decía a mis amigas: “Cuando tenga hijos, si es mujer, le pondremos Mercedes, y si es varón, León (por Gieco)”. Los hijos no llegaron, pero si sobrinos, sobrinos putativos, alumnos, amigos, y pude brindarles todo mi amor.

Mi admiración por Mercedes es incondicional. La voz más bella de mujer argentina y el mensaje de sus canciones: la libertad. Ella fue bandera en mi vida y afortunadamente la descubrí temprano.

Mis primos de Reconquista, dueños de un hospedaje, me contaron que cuando ella iba a cantar allí, ni bien se alojaba en el hotel, llegaba la Policía y se la llevaba, por suerte volvía pronto.

Yo la escuchaba por radio, en casetes, la veía en tele, y cantábamos sus canciones en las juntadas y peñas.

A Mercedes Sosa la presentó Jorge Cafrune en el festival de Cosquín de 1965, transgrediendo las reglas, hecho que fue desaprobado por la comisión directiva con Julio Marviz a la cabeza. Canto “Canción del derrumbe indio” solo acompañada por la caja. La plaza “se vino abajo”. ¡Su carrera fue brillante!

Luego se acercaron “tiempos difíciles”. En el 75 fue varias veces amenazada por la Triple A.

Al finalizar el recital en “El almacén San José” (Centro cultural de La Plata) en 1978 fue detenida junto a su público.

Ante la realidad, y a causa de sucesos posteriores, se exilia a principios del 79 huyendo de la dictadura. Estuvo primero en París y luego en España.

En 1980 tuve la dicha de presenciar su recital en Palma de Mallorca en el castillo de Bellver. fue impresionante, mi corazón y toda yo de fiesta, llamaba la atención su poncho rojo y negro.

Luego del concierto fuimos con mis amigos a una zona de bares de moda, y estando en la terraza de un bar, la veo. No dudé, me acerqué y me presenté; de cuclillas me puse a sus pies y ella muy cariñosa, me tomó una mano, y me dijo: “Me duele mucho mi país m’ija”. Los amigos de mi amiga psicóloga, exiliada allí hacía unos años, no vieron muy bien mi proceder, yo en “las nubes”, feliz.

Mercedes vuelve a su patria. En febrero de 1982, en esa época mi amigo Néstor (hoy reconocido actor en Roma) me invita a tomar clases de teatro con un profesor de Buenos Aires, en Rosario. Un día, el grupo de compañeros de teatro nos invita al cine teatro Real, en Oroño y Salta, donde la Negra daría un recital. Terminado el concierto un compañero nos conduce a su camarín y ella nos abraza a cada uno: recuerdo su abrazo y su sonrisa. Luego, todos nos trasladamos al excuartel de bomberos que quedaba en calle Salta y allí organizaron una peña estudiantil. Fue alucinante, empanadas vinito y “ella” con nosotros, dicha total.

Daniel Grinbank fue el productor que se arriesgó a repatriar a Mercedes Sosa y la gente pudo reunirse en masa en la Argentina. Hizo trece presentaciones en diez días, devolviéndole a su gente todo su amor, con una fama y dimensión mejor a la que tenía. Despliega el nuevo cancionero donde agrega a la música de raíz, tango, rock argentino y ritmos caribeños. Herejía para la época.

Y llega el recital en el estadio de Rosario Central, larguísima era la cola para entrar. Mucha tensión, mucho nervio, mucho policía vigilando, me impresionó la cantidad de perros, máscaras y escudos, peligrosa barrera. No me lo contaron… yo lo viví.

Al entrar subíamos las escaleras corriendo con temor, mate, mantas y euforia.

 

 

“Teníamos, salud

sonrisa y juventud

y nada en los bolsillos

Con prisa y con calor

el mismo buen humor

bailaba en nuestro ser

Luchando siempre igual

hacíamos castillos

Y el ansia de vivir

nos hizo resistir

y no desfallecer”

 

Aparece “La Negra” con el mismo poncho rojo y negro que conocí en Palma, y estalló el estadio. Luego de la ovación nosotros le cantamos:

 

“Negra no te vayas

Negra vení, quedate en Argentina

Que este es tu país”

 

Y volvimos a escuchar en vivo:

“Como un pájaro libre”, “Los mareados”. “El día que me quieras”, “Serenata para la tierra de uno”, “Canción con todos”, “Solo le pido a dios”, “La carta”, “Los antiguos dueños de la tierra (Indio Toba)”, “Cuando ya me empiece a que a quedar solo”, etcétera, etcétera.

Nuevamente, Mercedes con nosotros.

Y se quedó en su país hasta el final de sus días.

En 1998, trabajamos con mi marido en los festivales de Jesús María y Cosquín. Rubén, representando a una joven cordobesa (soporte, telonera de Los Nocheros), a los Trovadores del Norte, además de otros cantantes y músicos.

Yo los preparaba vocal y físicamente, con yoga, entrenamiento y técnicas corporales.

En Cosquín, además del escenario mayor existen los espectáculos callejeros y una serie de peñas. En aquel momento entre ellas estaba la peña de Fabián Matus, hijo de Mercedes. Allí, cantó Mariela y allí nuevamente la reencontré, estuve con ella. En cuclillas le tomé una mano, le conté que hacíamos, y le recordé lo del Rex, con la peña estudiantil en el cuartel de bomberos en Rosario, lo del concierto en Palma durante su exilio y le pedí una foto con nuestra cantante; aceptó gustosa, me faltó piolín para fotografiarme con ella. Me arrepentí luego.

A Mercedes la llevo en mi corazón, me siento plena y abrigadita con su recuerdo, me considero afortunada con haber compartido pedacitos de vida con ella, es mi paradigma. Jamás olvidaré su ternura, su sonrisa, sus canciones, su lucha, su valentía. Su voz.

¡Ay Negra!, mi Negra Linda!

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