martes, 26 de septiembre de 2017

Cardacci y “El Malta”

José Mario Lombardo

“El Malta”, sobrenombre derivado de la abreviatura de su apellido, era uno de los dibujantes en la oficina técnica de la Dirección de Hidráulica de la Municipalidad de Rosario.
“El Malta”, técnico constructor, también era poeta: Él se autodenominaba “El poeta de la zurda”, seudónimo que refería a la zona donde se halla ubicado el corazón.
Allí, en “Hidráulica”, trabajábamos un grupo de técnicos, ingenieros civiles, ingenieros geógrafos y dibujantes, diseñando los sistemas de desagües pluviales de los barrios rosarinos.
Había también choferes y ordenanzas. Unos manejaban los vehículos, cuando se necesitaba salir a tomar datos de alguna zona, y los otros cumplían tareas de limpieza o el traslado de expedientes en curso hacia el Palacio Municipal, pues en aquel año de 1970, la Dirección de Hidráulica, junto a otras reparticiones afines, estaba en la calle Salta casi llegando a Ovidio Lagos, bastante alejada de la sede de gobierno.
Uno de los ordenanzas era Cardacci.
Cardacci, además de cumplir con su tarea, en los ratos libres solía dibujar y sus trabajos se componían de extrañas formas, que casi siempre definían cuestiones ajenas a los objetos dibujados; es decir, un árbol no era un árbol, una fruta no era una fruta, una nube no era nube.
Durante los dos años que trabajé en esa repartición municipal, compartí tareas con un compañero de estudios. También nos retiramos de “Hidráulica” casi al mismo tiempo y, entonces, distintos trabajos nos alejaron. Estuvimos sin vernos más de veinte años. El se fue a trabajar al norte y yo siempre me quedé en Rosario. Un día, él volvió para visitar a un familiar y entonces aprovechamos para celebrar el reencuentro.
Tiempo después, sorpresivamente, apareció en mi casa. Traía bajo el brazo una carpeta azul de tapas duras. Me dijo que era un regalo. Abrí la carpeta y me encontré con algo totalmente inesperado: ¡Eran los dibujos de Cardacci!
Estaban intactos. Como dibujados ayer. Me permito transcribir los títulos.
Todos encabezados con la leyenda “Créase o no”: 1) Córdoba, año 1760, MONTAÑA CON FORMA DE GALLINA. 2) California, 1870, ZANAHORIA “ JEMELA” EN FORMA DE SER HUMANO. 3) Año 1230, COCODRILO DE BENGALA. FUE ENCONTRADO EN EL OCEANO DEL NORTE POR UN PEZCADOR INDIO.4) La India. UNA PIEDRA EN FORMA DE ZUECO JAPONES. 5) UNA RAIZ DE PALMERA EN FORMA DE CONEJO DE ANGORA. 6) California, 1912. ARBOL EN FORMA DE ANIMAL. 7) Año 1912. SIN TITULO. 8) La India, 1912 ¿CARACOL? 9) California, 1420. PAPA EN FORMA DE UN CRANEO. 10) California, año 1420. PEZ CON COLA DE RATON. Todos ellos dibujados en papel “cansón” tamaño oficio, con lápiz negro y, además, una copia heliográfica de un trabajo de mayor tamaño dibujado sobre papel transparente con el título: California 1725. UNA MONTAÑA EN FORMA DE UN PAJARO.
 Una presente invalorable que me llevó, junto a mi amigo, a revivir aquel tiempo que habíamos compartido.
Por otro lado, “El Malta” se jubiló y dejó “Hidráulica”. Un día, lo encontré en el hall de los Tribunales provinciales. Él siempre andaba con un viejo portafolios donde, además de papeles y expedientes, tenía libros de poesía, algunos de su autoría y otros de algún poeta amigo. Fue entonces que me obsequió unos versos que trataban sobre “La medianería”.
Todos sabemos que una medianera es ese muro que separa viviendas vecinas. Es muy común que se susciten controversias entre vecinos cuando, quien construyó el muro, reclama a quien en él apoya con posterioridad su casa la justa retribución por el costo del mismo.
“El Malta” describía en aquellos versos sus cuitas como liquidador de medianería y los entuertos que se sucedían entre vecinos, por la simple existencia de un muro de ladrillos que los separaba. Pero lo notable de aquella poesía era que su autor, en un rapto de inspiración, había estampillado, sellado y certificado ante los Tribunales provinciales los términos de la obra de modo que en el papel aparecían los títulos que daban fe de los dichos del poeta liquidador.
Esa poesía era una muestra de su infaltable humor.
El 29 de mayo de 1995, lo recuerdo porque anoté la fecha, estaba yo tomando un café en el bar que se encuentra en la esquina de España y 27 de Febrero. Como me había ubicado ante las ventanas del frente, divisé a “El Malta” que venía cruzando por España. Pasó casi a mi lado y, cuando me reconoció, me saludó y siguió de largo, pero pronto se arrepintió, volvió, entró, me dio la mano, sonrió con un gesto de picardía y después continuó tranquilamente su camino.
Me fui a mi oficina, tomé lápiz y papel y casi de corrido escribí unos versos dedicados a esa circunstancia. Varios años después, se los entregaría a él. Su destinatario.
Esos versos, decían en el final:
 “Lo vi pasar: Despacito y sin apuro.
Me saludó de refilón, el brazo en alto.
‘Regresará, porque siempre se regresa’,
me dije al punto y comencé a esperarlo.

Y no era aquella idea tan absurda,
era quizás presunción de solitario,
lo vi volver sobre sus pasos meditando,
con alguna sentencia a flor de labios.

Desde la puerta me tendió la mano,
agregando con su tono solidario:
‘Soy Malta, el poeta de la zurda.
La vida ordena no pasar de largo’.     

No hace falta abundar ni en la pureza del trazo de Cardacci ni en la vena poética de “El Malta”. Con el recuerdo me basta.

1 comentario:

  1. Pensar cuantos Cardacci y "El Malta" hubo en Rosario. Bohemios de la pluma y la palabra. Gracias José por recordarlo

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