jueves, 17 de septiembre de 2026

El carnaval

 Mirta Prince

 

En todo lugar, la cultura se refiere a la vida de un pueblo y a sus propias tradiciones.

Cuando llegamos a Orán, queríamos informarnos de todo lo que allí acontecía.

Para ello, recurrimos a don Roque y doña Vicenta, vecinos inolvidables, que con el paso del tiempo se convirtieron en los abuelos del corazón de mis hijos.

Su lema era “acá todo el año es carnaval”, cosa que no puede contradecirse, ya que los entusiastas comparseros usaban todo el año en preparación de trajes, pintura de telas, bordado de coloridas lentejuelas, espejitos, brillantes botones y cuanto más.

La música, coreografías, desfiles ocupaban su tiempo.

No debemos olvidar que, dentro del departamento de Orán, había cuarenta comunidades aborígenes como Wichis, Massay, Chiriguanos, Ava guaraní, Pueblo Colla, Tintunaki, Toba, Matacos, Chorote y tantas más.

Al llegar los carnavales todo era una fiesta en la López y Planes. En la actualidad, se construyó un corsódromo con todas las comodidades para el caso. Ya que según dicen, hay demasiado turismo.

Los comparsas guardan su propio estilo, en especial niaderenko y pimpineros. Bailando su característico Pim Pim y sus instrumentos musicales como el ferruco, la quena, sikus, flautas de pan, erquencho, pututo, caja chayera, maracas, raspadores, bombo, etcétera.

Los pimpineros tenían sus clásicos atuendos, el tipac de vistosos colores en las damas, gruesas trenzas y collares hechos con semillas y ojotas. En el caballero, pantalón negro, camisa, sombrero, alpargatas y hojas de albahaca en las orejas.

Tampoco faltan conjuntos tropicales, andinos, disfrazados individuales, comparsas artísticas al son de la música legendaria.

Allí, no juegan con agua, con las temperaturas reinante te secabas muy rápido, pero harina y elementos como semillas, hojas y raíces no faltan en las clásicas pintadas.

Luego del corso, el Club Gimnasia era el convocante. Allí se armaba la fiesta, si querías pasar un buen momento, debías llevar ropa descartable.

Sacabas la entrada y recibías una bolsita, en ella harina, semillas y ahí nomas te decoraban. Hacía tanto calor que te regalaban agua perfumada.

¡La noche era genial! Y, por supuesto, íbamos toda la barra de amigos.

Así, era… hace muchos años. Dicen que “el tiempo pasa, pero el carnaval resiste”.

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