martes, 8 de noviembre de 2016

Cajita de recuerdos. Y un día empecé a trabajar

H. B. Carrozzo

El 4 de Noviembre de 1967, el Médico del Distrito Militar Rosario me firma mi libreta de enrolamiento con la inscripción: “No incorporado por comprendido en el N° 163E141 del RRMSCFA”. En otras palabras, me salvaba del Servicio Militar Obligatorio, una buena noticia que compensaba la del sorteo que me había premiado con un 996. ¡Me iba a tocar Marina! clavado y dos años.
Yo estaba estudiando Ingeniería Química en Santa Fe y ya había decidido que si me salvaba de la colimba, iba a empezar a trabajar y continuaría estudiando donde pudiera.
Así que empecé a buscar trabajo y me inscribí en la UTN. Gracias a los contactos de mi padre, conseguí entrar en el frigorífico Swift. Y un día de diciembre del 67 me presenté a trabajar al laboratorio del Swift.
El laboratorio estaba compuesto de dos grandes sectores: Analítico y Microbiología. El Analítico a su vez se dividía por mesada de trabajo: mesa de aguas, leche, suministros, conserva, aceite, y otras. A mí me tocó la mesa de Leche y Eduardo era mi instructor. Ese día no se pudo aprender nada y solo fue de inicio y presentaciones.
Al otro día Eduardo me empezó a enseñar las técnicas de análisis y dividía el trabajo entre los dos. Así que mientras yo pesaba muestras de leche líquida y en polvo para hacer humedad, sólidos, materia grasas, sal, etcétera, Eduardo se dedicaba a otros análisis. Por allí me pide que traiga un vaso de precipitado de un litro que había en la sala de estufas, pero marcado con las letras “S” y “L”. Con ese vaso él se agachaba y trabajaba en una puerta inferior de la mesada, se levantaba y continuaba con otra tarea. “Traeme dos cubeteras de hielo de la heladera que está en la camarita de frío”. Él volvía a la puerta inferior con el hielo, el vaso y un agitador de vidrio. Yo no podía ver nada, ¡qué estaba haciendo allí abajo! No me dejaba siempre con alguna excusa. Yo no entendía, algo pasaba, pero con el entusiasmo seguía mi aprendizaje.
A las diez en punto me dice: “Listo, ya está, andá y traé los dos vasos de precipitados de 250 centímetros cúbicos de la sala que están marcados con ‘S’ y ‘L’ y esperame en la camarita de frío”. Así aprendí la primera tarea que había que hacer en la mesa de leche: una formidable leche chocolatada helada con la leche en polvo previamente analizada por nosotros. Era el test de degustación no incluido en el protocolo, pero imprescindible para el descanso de las diez en el único lugar que tenía refrigeración, la camarita de frío.
“Cajita ‘e recuerdos, llena de momentos,
Cartas amarillas, flores secas ya”.

Como dice la canción, cuántas historias guardas son recuerdos de un pasado que está vivo en mi memoria.

2 comentarios:

  1. " Imborrables momentos que guarda el corazón "... como dice la canción... Mimí.

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  2. Cuando paso cerca de Frigorífico, los recuerdos brotan

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