Mirta Prince
En
todo lugar, la cultura se refiere a la vida de un pueblo y a sus propias
tradiciones.
Cuando
llegamos a Orán, queríamos informarnos de todo lo que allí acontecía.
Para
ello, recurrimos a don Roque y doña Vicenta, vecinos inolvidables, que con el
paso del tiempo se convirtieron en los abuelos del corazón de mis hijos.
Su
lema era “acá todo el año es carnaval”, cosa que no puede contradecirse, ya que
los entusiastas comparseros usaban todo el año en preparación de trajes, pintura
de telas, bordado de coloridas lentejuelas, espejitos, brillantes botones y
cuanto más.
La
música, coreografías, desfiles ocupaban su tiempo.
No
debemos olvidar que, dentro del departamento de Orán, había cuarenta
comunidades aborígenes como Wichis, Massay, Chiriguanos, Ava guaraní, Pueblo
Colla, Tintunaki, Toba, Matacos, Chorote y tantas más.
Al
llegar los carnavales todo era una fiesta en la López y Planes. En la
actualidad, se construyó un corsódromo con todas las comodidades para el caso.
Ya que según dicen, hay demasiado turismo.
Los
comparsas guardan su propio estilo, en especial niaderenko y pimpineros.
Bailando su característico Pim Pim y sus instrumentos musicales como el
ferruco, la quena, sikus, flautas de pan, erquencho, pututo, caja chayera,
maracas, raspadores, bombo, etcétera.
Los
pimpineros tenían sus clásicos atuendos, el tipac de vistosos colores en las
damas, gruesas trenzas y collares hechos con semillas y ojotas. En el
caballero, pantalón negro, camisa, sombrero, alpargatas y hojas de albahaca en
las orejas.
Tampoco
faltan conjuntos tropicales, andinos, disfrazados individuales, comparsas
artísticas al son de la música legendaria.
Allí,
no juegan con agua, con las temperaturas reinante te secabas muy rápido, pero
harina y elementos como semillas, hojas y raíces no faltan en las clásicas
pintadas.
Luego
del corso, el Club Gimnasia era el convocante. Allí se armaba la fiesta, si
querías pasar un buen momento, debías llevar ropa descartable.
Sacabas
la entrada y recibías una bolsita, en ella harina, semillas y ahí nomas te
decoraban. Hacía tanto calor que te regalaban agua perfumada.
¡La noche era genial! Y, por supuesto, íbamos toda la barra de amigos.
Así, era… hace muchos años. Dicen que “el tiempo pasa, pero el carnaval resiste”.