lunes, 22 de agosto de 2016

Relato de viaje

Victoria Steiger

Hola, otra vez escribiendo.
Tenía ganas de contarles y no me decidía si seguir con las historias de mis relatos familiares, que en general tanto mis hermanos como mis hijos quieren que les cuente cómo pasamos diferentes épocas.
Tenemos dos hijos viviendo en Europa, uno en Polonia y una hija en Italia; y si pasa un año que ellos no vienen a casa, nosotros vamos a visitarlos y nos planeamos unos días para conocer otros lugares.
Estuvimos con mi marido preparando este último viaje un buen tiempo antes. Charlando de la posibilidad de ir a un lado u otro. Fijar fechas, tiempos etcétera.
Primero, fijamos un tiempo estimado de duración y fecha aproximada, y les consultamos a nuestros hijos si estarían, con sus respectivos trabajos, en condiciones de pasear y estar con nosotros ese tiempo.
Teniendo las fechas disponibles de ellos nos pusimos a “trabajar” el plan general.
Aunque no lo crean, no es fácil. Teníamos muchos lugares que no conocíamos y ahora debíamos ponernos de acuerdo entre los dos.
Con la “excusa” de los chicos viviendo afuera y en otra época, el trabajo de mi marido que le implicaba viajar seguido, yo en lo posible viajaba con él, conocimos unos cuantos lugares lindos.
Después de buscar, charlar, ver distintos recorridos, nos decidimos.
Primero, la fecha de viaje: del 10 de mayo al 10 de junio. Ya con el vuelo confirmado y decididos en algunos tramos, hicimos el programa completo.
Mi marido siempre se encarga de hacer una planilla con las fechas, día a día, de los viajes. Primero, hace un borrador y, ya de acuerdo los dos con los días y fechas, elabora la definitiva, que imprime o manda por mail a los “chicos” para que tengan nuestro itinerario escrito.
Cuando toda la planilla quedó lista, me pareció un poco cargada de lugares: primero, un viaje de ocho días en crucero en el cual visitamos siete lugares distintos. Después, a la ciudad en la que vive nuestra hija menor, que es Treviso en Italia. Desde allí, a San Petersburgo y Moscú, por ocho días. Seguíamos a Polonia a la ciudad donde viven unas primas de mi marido (un día) como para saludarlas. Ya este último tramo lo haríamos con nuestro hijo, que vive en Varsovia.
Como ven, ¡el programa era completito!
El trabajo de armado y reserva y plan de pago lo hace él y yo me encargo de los remedios de cada uno, la ropa, que en la época del viaje era lo mismo que usaría acá, porque acá era otoño y allá primavera, pero un poco más liviana. Tendríamos días cálidos.
Otro de los preparativos fue un chequeo médico que hizo mi marido. Él ya ha tenido unos cuantos problemas cardiológicos y quería salir con todo en orden.
También debíamos preparar el listado de los pagos y la limpieza de casa. Generalmente, mi hija mayor viene todos los días, abre ventanas y le da movimiento a la casa. Todas (son tres con sus chicos) viven cerca y se juntan en casa para que los chicos jueguen en el jardín.
Al fin, llegó la fecha. Tuvimos todo listo recién la noche anterior. Yo siempre repaso mentalmente lo que puse y me propongo “no lo hago más”. Lo que me olvidé lo compro. Claro es fácil decirlo, pero nunca lo hice. Si me falta algo lo reemplazo, todo se arregla. Es que uno no viaja con todo el “placar”.
Desde el aeropuerto de Buenos Aires a Frankfurt, poco tiempo para el siguiente vuelo a Roma, así que íbamos preparados para una caminata rápida por ese aeropuerto que es inmenso.
Todo bien. ¡Llegamos a Roma!
De allí, fuimos a un puesto de información turística para tomar un transporte público a Civitavecchia que está a una hora de Roma. Nos informaron desde dónde salía un ómnibus directo y los horarios. Estábamos con el tiempo justo y no alcanzamos a comprar los boletos antes, llegamos a la parada sin nada y el chofer nos dijo que era el último directo y nos hizo subir porque no llegábamos al puesto de venta y volver. ¡Todo en señas, italiano, muy rápido, pero entendimos!
Siempre que llegábamos a un lugar, mandamos mensaje a “todos” que es el grupo de los chicos en nuestros celulares, con una foto del lugar.
Teníamos dos días antes de tomar el crucero. El primer día, cansados del viaje largo recorrimos Civitavecchia caminando. Es una ciudad chica muy linda y prolija.
Al día siguiente, fuimos a Roma en tren e hicimos otra caminata de varias horas (lo que yo le llamo pata tour), vuelta al hotel con ganas de pizza y a dormir.
¡Todo venía según los planes!
Ya estábamos listos para ir al embarque, son unas cuantas horas antes salimos del hotel con tiempo suficiente y por supuesto con todas las “pilas” para éstos lugares nuevos.
El barco enorme para conocer y no perderse nos costó un poquito, entre que uno se acomoda ya llega la salida para el próximo puerto: Génova era el primero.
No les voy a contar todos los lugares en detalle, porque se haría larguísimo este relato.
Pasamos por lugares hermosos y en todos caminábamos mucho y la pasábamos muy bien.
El tiempo de este viaje, como les conté, era de ocho días. Al tercer día, mi marido estaba con la cara bien bronceada y decidió salir con sombrero para protegerse del sol (tiene piel muy blanca) y no quería pasarla mal por el sol que, sobre todo al medio día, estaba fuerte.
Al día siguiente, por la tarde, empezó a sentirse afiebrado pensamos en esto del sol o un poco de resfrío. Tomó un medicamento para bajar le fiebre y en un rato se sintió bien.
Ya era un miércoles y llegábamos a Civitavecchia el viernes y estos días siempre un rato volvía con la fiebre. Pensamos que con menos caminata estaría mejor y así llegaríamos bien a Treviso, donde vive nuestra hija.
El viaje en el crucero, salvando esas fiebres molestas, salió muy lindo y ya teníamos los pasajes en tren para el próximo tramo.
Llegamos muy justos con el tiempo para tomar el tren pero teníamos unas horitas para descansar hasta Treviso, que queda al norte de Italia a media hora de Venecia.
Descansamos en el viaje y nos esperaba Victoria, nuestra hija. El departamento estaba cerca de la estación, así que nos fuimos a pie.
Ya allí, dejamos las valijas y con mi hija fuimos a comprar algunas cosas para la cena, pero antes nos sentamos a charlar y tomar un aperitivo tradicional de allá.
Por supuesto la charla en “vivo” estaba muy entretenida, pero teníamos que hacer las compras. También nos organizamos para ir al médico al día siguiente, para que lo controlaran por la fiebre a mi marido.
Cenamos tranquilos, contentos de estar juntos y nos fuimos a dormir para seguir lo planeado al otro día.
Más o menos a las tres de la mañana, él me despertó porque se sentía mal. Estaba agitado y con fiebre. Llamamos a la asistencia al viajero y pedían un número de teléfono fijo de Italia. Les di el de mi hija y enseguida nos llamaron para que directamente fuéramos al hospital de allá.
Rebeca, una amiga de Victoria, sacó el auto y llegamos en quince minutos.
En el hospital había bastante gente en la urgencia, le tomaron los datos y le pidieron que explicara lo que sentía. Ahí no más, lo hicieron pasar para revisarlo. Nosotros estamos estudiando el idioma, pero es difícil hablarlo correctamente. Victoria sí habla correctamente. Nos dijeron que en cuanto lo revisaran nos llamaban.
Esperamos un rato y la llamaron solamente a ella. Bartolomé, mi marido, tenía que quedarse internado. Tenía fiebre y arritmia; pero parecía que estaba mejorando y nos dijeron que esperáramos.
Quedamos afuera en la guardia de urgencia. Fueron un par de horas interminables sin saber que estaba pasando.
Al rato, llaman a Victoria y le dijeron que estaba mejor, que lo iban a pasar a una habitación para control y, si todo andaba bien, en un par de días le darían el alta.
Ya a esa altura de los acontecimientos queríamos verlo y saber si se sentía mejor. En un rato más salió la camilla de él para el traslado. Casi corriendo, nosotras fuimos atrás de ellos para no perderlos. Es un hospital muy grande.
Llegamos, no me acuerdo si era un piso arriba o abajo a una habitación grande. Ahí, lo recibieron, le preguntaron por los medicamentos que tomaba. Él los lleva anotados en una lista. Se lo veía tranquilo; pero después de que le preguntaron todo, se fueron; y nos dijeron que les avisáramos cualquier cambio. Al ratito, empezó a agitarse y llamamos urgente. Fue algo terrible de olvidar, llamaron a más gente para atenderlo y parecía que no salía de esa crisis.
No puedo contar mucho más. Salimos con cama y todo lo que le pusieron a la sala de agudos. Ya no podíamos entrar y nos dijeron que esperáramos para un informe.
Imposible de contar todo lo que sentimos. Nos quedamos en el pasillo sentadas frente a la puerta de la sala de agudos, que es un lugar que abre dos veces al día para visitas. Si salís de ahí, no podes volver fuera de esos horarios (eso lo supimos después); pero ni se nos hubiera ocurrido salir antes de saber que pasaba.
Pasó otro par de horas o un siglo para nosotras y salió una doctora que pidió hablar con mi hija, que hacía de intérprete, y nos explicó la situación.
La arritmia empeoró y no sabían por qué pasaba todo eso. Estaba con oxígeno y se sentía mejor sin agitación. Quedaba internado sin diagnóstico del origen de ese suceso. Nos dijeron que volviéramos a las tres de la tarde para un nuevo informe, pero excepcionalmente podíamos saludarlo unos minutos antes de irnos. El panorama que nos “pintó” no era alentador. Nos devolvieron la ropa que llevaba puesta y salimos.
El teléfono de contacto era el de mi hija. Si había algún problema, la llamarían.
A todo esto eran las ocho de la mañana (no me acuerdo) y la diferencia de horario con la Argentina son actualmente de cinco horas.
Nosotras en estado de shock nos perdimos para encontrar la salida, ya habiendo cambiado de lugar adentro buscamos las flechas para terminar saliendo por donde entramos que no era muy difícil.
Fuimos a desayunar, creo que por ahí, y a tratar de calmarnos y ver qué hacíamos con todo lo que pasaba.
Primero, le contamos a mi hijo que vive en Polonia. Pobre, quedó mudo unos minutos y después reaccionó tranquilizándonos y nos dijo que nos llamaba después del próximo informe. Seguidamente nos comunicamos con Rebeca, que no se quedó en el hospital y que cada rato mandaba mensajes para saber algo. Después fuimos a dejar la ropa al departamento y ya era hora para hablar a casa.
Eso fue durísimo. En realidad, creo que no puedo acordarme de toda la secuencia. Las manos me temblaban, la voz se me quebraba y no podía llorar y desahogarme de alguna forma. El pronóstico era desalentador. Las chicas acá preguntaban de todo y no teníamos mucho para contar hasta el informe hay que esperar, recen no sé qué más.
Volvimos a las tres, nos dejaron pasar y seguía con arritmia. La médica no estaba y el informe era de la que seguía con la guardia. No se ponían de acuerdo con el diagnóstico. Una no creía que nunca había tenido arritmia; y otra que diagnosticó bronquitis y los pulmones con líquido lo que provocaba la descompensación cardíaca.
El domingo nos escanearon en Rosario los episodios anteriores y los últimos chequeos que había hecho antes del viaje. Con todo eso, fuimos al hospital que, por ser domingo, teníamos otro horario de visita más. No sabíamos qué doctora o doctor estaba a cargo del caso, preguntamos y nos dijeron que teníamos que pedir turno a las 13.30 para hablar con, en este caso, la doctora; y así lo hicimos. Todo lo que llevamos lo dejamos al médico de guardia, que inmediatamente se lo puso a estudiar con mi hija al lado, que le traducía poco. Los términos médicos en español son similares o están muchas veces en inglés.
Acá, las chicas ya habían hablado con su médico y estaban en contacto con las novedades que les transmitíamos.
Nosotras, allá, deambulábamos entre las visitas permitidas, las consultas especiales y… todo seguía sin nada definitivo, había que esperar que los medicamentos hicieran su efecto.
Los amigos de mi hija se ponían de acuerdo para acompañarnos llevarnos y traernos y mudarnos de departamento. En el que estábamos ya estaba ocupado los días que seguían y el de mi hija era en el tercer piso y suponíamos que cuando esto mejorara él no podría subir.
Lógicamente, el plan inicial de viaje se canceló totalmente. Esperábamos un avance de salud y la mente estaba “ocupada” con esto.
Hay un montón de detalles que por la extensión que tiene este relato no los voy a describir.
Al fin, después de varios días empezaron a concretar diagnóstico y tuvo amplia mejoría. En menos de 24 horas la arritmia cedió y, al día siguiente, lo pasaron de sala a otra con un poco menos de control. Todo se veía mejor.
Las visitas seguían siendo estrictas; pero ya estaba sin oxígeno, hablaba con los otros pacientes, tres en total, en una mezcla de italiano y español. Los compañeros le explicaron varias cosas del movimiento de ahí que le ayudaban a entender el ritmo. Ellos le decían que después de esa etapa lo mudarían a una habitación común y de ahí salía. Lógicament,e todo debía seguir en orden y así fue.
Día noveno de internación, casi a las 20 horas, llegó la doctora a cargo con unas cuantas hojas de recomendaciones, orden de medicación (recetas) y una bolsita con tres días de remedios para no tener que salir urgente a comprarlos.
Las recomendaciones incluían caminatas y vida normal obviamente de a poco por haber estado tantos días en cama. Nos dieron también control con análisis en cuatro días para ir regulando la medicación nueva.
Todo era tan raro fuera de casa. Hubo que aprender un montón de cosas de otro lugar. Es muy difícil de explicar.
Fue una emoción enorme salir con él caminando normalmente del hospital. Nos esperaban unos amigos, que nos llevarían al departamento.
El cambio fue impresionante, ya saliendo a pasear y no al hospital, mi hijo vino de Polonia y pudimos festejar su cumpleaños, algo impensado unos días antes.
El lugar era muy céntrico le gustó mucho y todos los días salíamos a pasear primero un rato y parábamos a tomar algo, volvíamos a almorzar, una siestita y a pasear de nuevo.
Los controles fueron bien y al segundo, una semana después, tenía permiso para volver a Argentina.
Todavía me cuesta contar esta experiencia, pero quería hacerlo porque a nuestra edad, ya jubilados, nos quedan muchas cosas por hacer y conocer pero…
Todos debemos viajar con seguro médico y una vez en casa mi marido contando a un amigo lo que le había pasado le dijo que él aparte del seguro ampliado llevaba un cederrón con su historia médica por cualquier eventualidad.
Todavía nosotros no tenemos resuelto el tema con el seguro; pero en teoría se hacen cargo de la internación porque fue una urgencia, pero es un trámite largo y se toman su tiempo.
El hospital nunca nos exigió nada. Entramos y salimos sin firmar absolutamente nada y la atención fue impecable.
Bueno, este relato se me hiso larguísimo; pero ahora nosotros, que creímos que teníamos todo “fríamente calculado”, tuvimos una experiencia muy dura.
Ahora, no sé cuándo planearemos otro viaje, pero cuando se pueda, aparte de la planilla con días horarios y lugares, cambiarán mucho y habrá otras “cositas” para llevar.
Espero que les sirva mi relato, no para no viajar, pero si para usar de nuestra experiencia y no pasar por malos momentos, como este, que gracias a Dios puedo contarlo con buen final.
Hoy, estamos en casa, contentos haciendo. muchas cosas y disfrutando de nuestros hijos y nietos.
¡Hasta la próxima!

2 comentarios:

  1. Me conmovió tu historia, estos inconvenientes y en un país extranjero son muy difíciles de resolver. Me alegro que todo haya resultado bien al final, pero nadie te podrá hacer olvidar todos estos momentos.
    Te deseo de corazón que el próximo viaje puedas disfrutarlo y compartirlo con tu familia. Cariños, Noemí Peralta.

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