miércoles, 28 de mayo de 2014

La felicidad de mamá

Por Ofelia Alicia Sosa

En Corrientes, el 14 de Julio de 1920, nació una niña, Josefina Aranda, mi mamá.
Ella siempre dijo que fue feliz.
¿Cuál era la felicidad para la niña, la adolescente y la mamá?
Ser mujer, madre, esposa y ama de casa la hacía sentirse plena.
Dedicada al hogar, de amplias habitaciones, con muchos muebles grandes y oscuros; tres patios llenos de plantas y flores; jardín, lavadero y altillo con dos habitaciones, una escritorio y otra sala de juegos.
Los pisos de pinotea de largas maderas brillantes como espejos gracias a que los enceraba de rodillas y sacaba lustre con una pesada plancha con felpa y mango largo, que empujaba de punta a punta para sacar brillo.
Gran cocinera y repostera que hacía almuerzo y cena con entrada, plato principal y postre. Todo casero, porque no había delivery como ahora.
Recuerdo que cuando nos poníamos los guardapolvos mis hermanas y yo, nos mirábamos los moños que sobresalían de las cinturas bien blancos y almidonados, como las camisas de papá con cuellos y puños acartonados.
Sus adornos naturales eran las manzanas rojas que lustraba y ponía en diferentes muebles de la casa para perfumar. Ese aroma a manzanas ya no se percibe más.
Los fines de semana nos llevaba al parque por la mañana y al cine por la tarde.
En la sala del Cine “Apolo” nos encontrábamos con los vecinos y comerciantes de la zona.
El verdulero, carnicero, panadero, librero que también concurrían con sus esposas e hijos.
Entrábamos temprano con sol y salíamos tarde ya de noche. Claro, eran tres películas con sus respectivos intervalos entre cada una de ellas.
Le encantaba vernos bien vestidas por lo que nos hacía vestidos, con modelos sacados de las revistas de moda.
Era una gran enfermera, ya que cuando nos enfermábamos venía el médico de familia y le dejaba las indicaciones que seguía al pie de la letra y estaba al lado de nuestras camas por la noche por si la necesitábamos.
Nosotras le hacíamos caso y no cuestionábamos sus decisiones como todos los niños de la época.
Era una madre presente y siempre atenta. Amorosa y cariñosa, sus enojos le duraban poco. Una mano de ella calmaba los dolores y calmaban las penas.
Hoy desde los lejos, casada con tres hijos, pero separada, ya que como mujer de mi generación no poseo su tolerancia y paciencia; me pregunto: “¿Y ella?
Nació para dar y el resultado de sus acciones era su felicidad.
También pienso que su felicidad era la de sus seres queridos. Que la tabla de valores no era como la nuestra.
Es como si en la felicidad no entraban las necesidades personales como un individuo independiente que era. O, tal vez, su necesidad básica y primordial era la familia.

2 comentarios:

  1. Eran sin dudas otros los valores, las mujeres eran criadas para ser amas de casa, hoy tienen otras metas, por eso no entendemos cual era su filosofía de vida.
    Su mayor orgullo era la felicidad de los suyos.

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  2. Tus análisis son sencillos, claros y espontáneos. Gracias.

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